¿Me va a llamar?

6/24/20265 min read

Por qué el Tarot no te va a decir si te va a llamar (y por qué eso, en realidad, es una buenísima noticia)

La  pregunta que me hacéis frecuentemente: "Nuria, ¿me va a llamar?".

Da igual si el "me va a llamar" es literal o si se disfraza de  "¿esto va a funcionar?" o "¿cuándo se va a arreglar mi vida?". En el fondo es siempre la misma pregunta, y es siempre la misma trampa: queremos que alguien —o algo— nos confirme el futuro perfecto que ya hemos imaginado y esperamos obtener, que se haga realidad y el refranero ya lo dice "quien espera desespera" y es que la incertidumbre nos descoloca. 

Llevo años leyendo Tarot y todavía no he visto ninguna carta que me diga la fecha exacta en la que va a sonar el teléfono. Lo que sí veo, es a alguien descubrir mientras avanza la sesión por qué lleva meses esperando algo que en realidad ya sabe.

Así que vamos a hablar de esto en serio: por qué el Tarot no predice en cambio, muestra lo que necesitas ver y que la mayoría de ocasiones es lo que tu ya sabes pero buscas confirmar, que algo o alguien reafirme lo que intuyes,

El malentendido que arrastramos desde hace siglos

No es culpa tuya pensar que el Tarot predice. Es la imagen que nos ha vendido el cine, la tele, la señora de la bola de cristal en la esquina de cualquier peli de los noventa. Una baraja, una vela, un "vas a conocer a alguien alto y moreno" y ya está, misterio resuelto.

El problema de esa imagen no es que sea falsa del todo —el Tarot se utilizó durante siglos como herramienta ligada a la adivinación— sino que es incompleta. Y esa incompletitud tiene un coste real: te convierte de protagonista de tu vida en espectadora de un guion que otro ya ha escrito. Si el futuro ya está decidido y solo hay que esperar a que las cartas lo confirmen, ¿para qué molestarte en cambiar nada?

Carl Gustav Jung, que estudió el Tarot con una seriedad que pocos esperarían de un psiquiatra suizo de traje y corbata, no lo veía así. A él no le interesaba si las cartas acertaban el futuro. Le interesaba otra pregunta, mucho más incómoda: ¿por qué, de entre setenta y ocho cartas posibles, salen exactamente estas tres, para ti, en este momento concreto de tu vida? Eso es lo que él llamó sincronicidad: una coincidencia con sentido, no causal pero sí significativa. El Tarot no te dice lo que va a pasar. Te enseña, con una precisión que sorprendente, lo que ya está pasando dentro de ti sin que te hayas dado cuenta.

Lo que de verdad estás preguntando cuando preguntas por el futuro

Aquí va algo que he aprendido a base de estar sentada frente a mucha gente, con muchas preguntas distintas, que en el fondo eran siempre la misma pregunta: nadie pregunta de verdad por el futuro. Pregunta por permiso.

Permiso para dejar esa relación que ya sabe que no funciona. Permiso para dejar ese trabajo que le vacía. Permiso para creer que merece algo mejor que lo que está aceptando ahora mismo, y es que algunas decisiones son difíciles de tomar.

Y ese "algo" ya lo sabes. Está ahí, dando vueltas, pidiendo paso. El inconsciente no se calla nunca. Lo que pasa es que vivimos en piloto automático, a un volumen tan alto de notificaciones, obligaciones y ruido que dejamos de escucharlo y procrastinamos.

Me gusta tirar del refranero, "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy" evita mucho sufrimiento. No es que no tengas la respuesta. Es que llevas meses sin bajarle el volumen a todo lo demás por miedo a errar o confrontar lo inevitable.

Esto es exactamente lo que hace una carta bien mirada: te confronta. Una imagen que no tiene ninguna obligación de ser amable contigo. Y ahí aparece la respuesta que ya tenías. No te la trae la carta. Te la trae el hecho de haberte parado, por fin, a mirar hacia dentro en lugar de hacia fuera.

El Tarot como espejo, no como oráculo de feria

Si alguna vez te has ido de una lectura pensando "esto ya lo sabía, pero no me había atrevido a decírmelo", entonces ya entiendes de qué estoy hablando. Eso no es magia. Es psicología con una baraja de por medio.

Cada arcano mayor representa un momento de vida, un arquetipo. El Loco es el impulso de empezar sin red. La Torre es el derrumbe necesario de lo que ya no te sostenía. La Emperatriz es la parte de ti que crea sin pedir permiso. No son personajes de un cuento: son piezas de tu propio mapa interior, esperando a que las reconozcas y aceptes.

Neville Goddard, con su insistencia en que el estado de conciencia que habitas hoy es literalmente el mañana que estás construyendo, decía algo que conecta con esto y que incomoda: no atraes lo que quieres, atraes lo que eres. Y una lectura de Tarot, bien hecha, es justamente eso: un diagnóstico honesto de quién estás siendo ahora mismo, no una profecía de lo que te va a tocar por sorteo cósmico. Si tu estado interior es de miedo, de escasez, de "esto nunca me sale bien", ninguna carta del mundo va a cambiar ese patrón por ti. Pero nombrarlo —verlo ahí, delante, en forma de imagen— es el primer paso real para dejar de repetirlo.

David R. Hawkins hablaba de niveles de conciencia, de cómo cada estado emocional —desde la vergüenza hasta la paz— vibra a una frecuencia distinta y atrae, literalmente, experiencias afines a esa frecuencia. Cuando alguien me pregunta "¿me va a ir bien?", lo que de verdad le puedo mostrar con las cartas es desde qué frecuencia está preguntando. Y ahí hay muchísima más información útil que en cualquier "sí" o "no".

Entonces, ¿para qué sirve una lectura si no predice nada?

Para lo mismo que sirve una conversación honesta con alguien que te conoce de verdad y con suficiente criterio o una consulta con un coach o psicólogo: para que dejes de postergar y tomes las riendas de tu vida con coraje y valentía a pesar de los miedos e incertidumbres.

Sirve para ponerle nombre a ese malestar que llevas notando desde hace tiempo y que no sabías cómo explicar. Sirve para que veas, con una claridad que a veces resulta incomoda, el patrón que llevas repitiendo desde hace años sin darte cuenta. Sirve para devolverte a ti la responsabilidad y el poder de decidir qué hacer, en lugar de dejarlo todo en manos de un destino que "nunca ha llamado a nadie por teléfono".

Y sirve, sobre todo, para recordarte algo: tú no eres una espectadora de tu propia historia esperando el próximo giro de guion. Eres quien la está escribiendo, línea a línea, decisión a decisión, ahora mismo, mientras lees esto. Todo el tiempo estás tomando decisiones, aunque se de forma inconsciente y hasta en la cosa más banal.

La pregunta que de verdad merece la pena hacerse

La próxima vez que te sorprendas pensando "¿me va a llamar?", prueba a cambiar la pregunta por esta otra: ¿qué parte de mí sigue esperando fuera algo que solo yo me puedo dar dentro?

Si decides sentarte con las cartas para responderla, no esperes que te digan el futuro. Espera que te enseñen, con la honestidad que necesitas, las posibilidades, según tus decisiones. Eso, y no una fecha en el calendario, es lo único que de verdad puede cambiarte la vida.

¿Qué pregunta llevas tiempo evitando hacerte de frente?

Contacto

Mensaje de WhatsApp haciendo click en el icono

+34 646 027 351

Redes Solciales

Si prefieres rellena los campos en blanco.

© 2025. All rights reserved.